Alejandro Simón Partal

Bio-bibliografía

Alejandro Simón Partal (Estepona, Málaga, 1983)

 

Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y profesor en la Universidad de Zaragoza. Ha publicado los libros de poesía El guiño de la chatarra (2010), Nódulo noir (2012) y Los himnos abdominales (2015) en la editorial Renacimiento. Con su último libro, La fuerza viva (Pre-Textos, 2017), obtuvo el Premio Internacional de Poesía Arcipreste de Hita. Es autor de los ensayos A cuerpo gentil (Visor, 2017) y Las virtudes de lo ausente (UNED, 2018), trabajo con el que obtuvo la XXII Beca de Investigación Literaria Miguel Fernández 2016. Actualmente es autor residente en el Centro de Arte y Tecnología ETOPIA de Zaragoza.

 

Maridaje Poético (La Capilla)

Sábado, 6 Abril, 2019 - 13:00
La Capilla

Maridaje poético

Maridaje poético es una combinación de poemas y vino que, en esta ocasión, maridarán los poetas Alejandro Simón Partal y Ángelo Néstore. Los asistentes podrán degustar el vino mientras disfrutan de la lectura en el Bar "La Capila -Marbella-".

La Capilla

Del mismo ciclo: 
Maridaje Poético (La Polaca)
Maridaje Poético (Mediodía, champagne y ostras )

Poema

 

Resistencia y sumisión

 

No es el amanecer otra cosa

que un intento terrestre

hacia lo divino,

como lo es la fruta madura en el árbol

o las sábanas blancas tendidas

en un prado abierto.

 

Poco dura ese momento

en el que los animales gimen

y algunas personas reaccionan

y cuidan la tierra o recogen el fruto.

 

No pretende más

que recordarnos nuestra condición

de seres pequeños o necesitados,

de hermanos que algunas mañanas,

muy temprano, salen humildes

y se encuentran.

 

Orilla raíz

 

Hay un instante

que de tanta soledad

improvisa cualquier cosa la hermosura.

 

Así hoy en esta playa

donde mi padre no ha dejado huella,

le he visto enterrando en la orilla

una sandía para enfriarla.

 

Donde sólo hay tierra

yo veía a un hombre

con los pantalones remangados

abriendo hueco en la tierra,

donde el mar se aisló por un segundo

creyéndose por fin mar.

 

Desde aquí veía los pies de mi padre enterrados.

 

Veía la sandía enterrada,

con su pulpa cada vez más fría.

 

Esos hombres de orilla que saben de mar

no habrán enterrado ahí nunca una sandía.

 

No sabrían hacerlo como él.

 

Hay un momento que de tanta soledad

brotan de la orilla los frutos más grandes.