Ángela Segovia

Bio-bibliografía

(Ávila, 1987) es poeta. Ha publicado los libros ¿Te duele? (V Premio de Poesía Joven Félix Grande, 2009); de paso a la ya tan (ártese quien pueda ed., 2013); La curva se volvió barricada (La uña rota, 2016, Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández 2017) y Amor divino (La uña rota, 2018). Tradujo el libro CO CO CO U, de Luz Pichel (La uña rota, 2017).Desde septiembre de 2014 a septiembre de 2016 fue becaria de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes.  Hizo las piezas: Ganas dan decirte muchas de (Teatro Juan de la Encina, Salamanca, 2015); Archiva vía metalada junto a Irene Galindo Quero (CA2M, Móstoles, 2015); Lo normal normal: un proyecto que encuentre el pensamiento en los desvíos del cuerpo que siente junto a Óscar Villegas y Luciana Pereyra (BNE, 2017);  Blackout (Segovia, 2018). Forma parte del Seminario Euraca.

 

Palabras del Mar IV

Viernes, 5 Abril, 2019 - 18:30
Hospital Real de la Misericordia

Palabras del Mar IV

 

David Leo García, Ángela Segovia y Jesús Ruiz Mantilla

 

Palabras del Mar, un ciclo donde las nuevas voces de la poesía se dan cita en Marbella.

AVISO: Esta lectura se cambia de sitio al Hospital Real de la Misericordia por previsión de lluvia, a la misma hora. 18:30

 

Lecturas en el Parque de la Constitución

Del mismo ciclo: 
Palabras del Mar I
Palabras del Mar II
Palabras del Mar III

Poema

Oro y bondad

 

aten ción

ahora

me he quedado dormida

caminaba

y en la plaza vi un cuerpo que giraba

sólo que no era un cuerpo que giraba

era el viento que giraba

sólo que

bueno

no era el viento que giraba, era, mi señor

era el mar infinito y casi no determinado de la conciencia

que giraba levantando las ramas de las araucarias

sólo que

no eran araucarias mi señor

ni eran piñones aquello que caían

eran chopos, espejeaban

sus hojas decían ahora sí ahora no

decían bien sí o bien no

decían otrora sí otrora no

se oía de lo lejos un ruido metálico

tan delicado que podrías cortarlo con los dientes

si pudieras tan sólo

ser capaz de

morder un sonido

 

a continuación se desprendió la lona

y cayó la imagen

la imagen no era una nada

era el amor

se deprendió una ratio un rezo una razo

un vers y

¿sabes qué imagen cayó?

la imagen pura del amor cayó

aquella imagen giraba giraba en el centro de la plaza

los niños la miraban la miraban también ellos hacían

círculos con los ojos y con sus

pequeños piececitos y las lilas

se despegaban

de las junturas, de los altares, de los misales

y ascendían en bloque en

el cielo en el borde quemado de las araucarias

quiero decir, de los chopos

y era natural porque era

era lo más excepcional

 

me detuvieron en llegando

dije que no sabía nada

se había borrado la imagen de la cruz pero no no temía

lo pasado, pasado es, les dije

lo borrado, borrado queda

no se lamenten

 

por último, vi dos perros enormes reventar con sus músculos el aire, azoradas sus mejillas en su viro veíase el mar infinito y casi no determinado de la conciencia abrirse como un remolino y sus siluetas se plegaban y se desplegaban contra el morado del paisaje:

llámalo velocidad

llámalo energía

llámalo mejor valentía

                                 argumento es

                                 el brillo que desprendían

 

              -¿y sabes qué raza era, digo, qué rezo?

              -uno mestizo: les salía por la boca balbuciendo

                                               oro y bondad

Me extrañé porque pensaba que debía ser temprano

pero la luz era ya vieja

 

Cuando me desperté

miré por el valle y vi a la gente

alimentando a los caballos. No supe a qué

respondía aquella lux. Escuché un rudo y aunque

primero temí que me siguieran del pasado

es decir de mis sueños y luego temí que me siguieran

la locura, con cierto desespero miré miré entorno

y me vio una pequeña chicharra

verde

del tamaño de un grano de arroz

que saltaba pareciendo decir cosas.

Me hice perdediza

porque la verdad, tenía tristesa

pero no

me salí con la mía

pues ese arroz siguió saltando

y aguijoneando con su rudo

mi cabeza.

Tenía los pelos por la cara, ondulaban por

causa del calor

un cúmulo, dos, tres, cuatro cúmulos de lux

me dieron en la cara, y entonces

levantaron el sudor de mi cara

y subía entre las hojas carnosas de las palmas

una columna de humo.

Me pasé la pequeña toalla por alrededor de mi cuello

estaba tan sofocada

pensé que estaba lejos todavía de aquello

no distinguía a mi mare con la gente

yo quería ducharme pero hacía cuánto no veía agua

mucho

aguardé todavía unos minutos, qué hora sería

a juzgar por la luz era imposible adivinar

no podrías decir si

era de amanecer o

si era de atardecer

me coloqué las puntas del brial

y el pantaloncito corto que llevaba lo doblé y lo puse en mi

mochila de quicksilver

había perdido la trenza que tenía

para el enganche de su

cremallera

pero no me quise entristecer por eso

pensé

que

no me seguían y que me había salvado de la lo

cura

pensé: no te detengas ahora que la cura está a esto del

giro de la manilla y empujar la puerta

de la debilidad. La cura es un botín de fuerza

es un botín de fe es un botín de belezza

Abajo la gente continuaba el camino para

poner heno en el palmeral

donde se refugiaban los caballos.

Vi el verde salir del

movimiento que hacían

masticando y

quise ir a ver a los conejos

me sequé el cuello

con la pequeña toalla y salí.

Cuando me vieron llegar ellos

se pusieron las patitas

sobre el hocico

y se quedaron muy quietos

como si estuvieran asustados

pero, ¿qué hora era?

¿cuándo llegaríamos allí?

Sin embargo la gente alimentaba los

caballos

con mucho

heno.

¿De dónde pues sacaron tanto heno?