Antonio Lucas

Fotografía:
Carlos García Pozo

Dirección literaria Marpoética

Bio-bibliografía

Antonio Lucas (Madrid, 1975) escribe desde 1996 en diario El Mundo y es colaborador de RNE y de la Cadena Ser.

Como poeta tiene publicados varios títulos: ‘Antes del mundo’ (1996), accésit del Premio Adonais; ‘Lucernario’ (1999), por el que recibió el premio Ojo Crítico de Poesía 2000; ‘Las máscaras’ (2004); ‘Los mundos contrarios’ (2009), Premio Internacional Ciudad de Melilla; ‘Los desengaños’ (Visor), Premio Loewe; y ‘Los desnudos’, Premio Internacional de Poesía Generación del 27. También tiene publicado un volumen de su poesía reunida, ‘Fuera de sitio. 1995-2015’.

Es autor de varios libros sobre arte: ‘Soledad Lorenzo, una vida en el arte’ (2014), ‘Manolo Valdés: esculturas’ (2012), así como una selección de perfiles literarios de algunas creadoras y creadores esenciales de la cultura de los siglos XIX y XX reunidos bajo el título de ‘Vidas de santos’ (Círculo de Tiza, 2015). ‘Buena mar’ es su primera novela.

Actividades en las que participa

Poemas

TREGUA

A Felipe Benítez Reyes

La vida se concreta mejor en lo pequeño:
la templanza maternal del agua,
el cara o cruz de los viajes que no has hecho,
los árboles que trepas,
el amor que parte en dos
su evidencia y su dominio.

Para vivir no es conveniente dar rodeos
ni buscarle a las preguntas su respuesta en la respuesta.
A veces es mejor confiar en quien no sabe
y aprender de sus cautelas,
como aprende el animal a desapasionarse,
como aceptan las montañas ser final y antes del mundo.

Sabes que hay cosas de ti que no te pertenecen:
ser niño y persignarse,
demonios clamorosos,
la costumbre de besar a los extraños,
la monótona conciencia de la culpa,
alegrarse en carnaval,
creer en dioses.

Pero eres parte de tu siglo, de su bárbaro jolgorio.
Millones de hombres que se matan,
y se agotan en oficios rigurosos,
y hablan entre sí aunque no laten por nadie,
y sólo han aprendido a estar ya solos.
Solos como cuelgan los disfraces.
Solos como dos espejos solos.
Solos como suena el llamarse incluso Antonio.

Por eso que vivir se concreta en lo pequeño.
Ahí donde te miran unos ojos,
donde piensas en alguien y lo salvas;
donde alguien piensa en ti
y da tregua a tu destino sin saberlo.
 

LEOPOLDO MARÍA PANERO

La locura no es una servidumbre. La locura no es una maldición, ni un clamor exasperado, ni se parece al ruido de volver a casa sin sol y sin monedas. La locura tiene más prestigio que la vida, y más profetas, y eso duele. La locura te dio sitio, nervios, un empleo, una risa de violín contra la usura, tanta leyenda ruidosa. La locura que es milagro y decadencia. La poesía que es su envés y su metralla. Y tú tan rodeado de espanto y 'rohipnoles'. Condenado desde siempre a violentas primaveras. Cómo suena un sueño tuyo.
Cómo se devora en ti la noche. Qué rosa atroz asoma debajo de tu sangre. Qué legítima defensa. No pudiste estrangular a Artaud, más loco y más concreto. Más huésped de pensiones encantadas. Maldigo este vapor de olvido que ahora toca. La bondad dejó en tus ojos puñados de zotal. Tu manera monstruosa de escribir. Tu hambre satisfecha de insultar. Y qué belleza, sin embargo, en la crónica dañada de tu idioma. En tu motín de cada día. En tu farmacia sin remedio. La orquesta de tu exilio en el momento de nacer. El esplendor del desamparo. Las auroras de amoniaco. A veces no basta una vida para llegar a una verdad. Ya sabes que existir cabe dentro de un odio. “Dicen que estoy vivo. Dicen que estoy vivo y que me llamo de algún modo y vanamente escribo”. Cualquier hombre es el fin de una niñez entera. Y un fango de jazmines. Y un harapo. Un temblor en la mano al dar la mano. Un poema, su trineo. Un animal que pide auxilio y no sabe que es un hombre. Después de entregar la vida, no sabe que es un hombre. Después de vivir atado, no sabe que es un hombre. Y tantas veces se concreta en ti.