Hasier Larretxea

foto: Pedro Martins

Bio-bibliografía

Hasier Larretxea nació en Arraioz, pueblo del valle de Baztan, Navarra, en 1982. Hace años que vive en Madrid.

Ha publicado los libros de poemas Quién diría, qué… (Pre-Textos, 2019), Batzuen ametsak bertzeen zelai zulatuak dira (Pamiela, 2018), Meridianos de tierra (Harpo Libros, 2017), De un nuevo paisaje (Stendhal Books, 2016), Niebla fronteriza (El Gaviero, 2015, reeditado por Harpo Libros, 2018), Atakak (Alberdania, 2011) y su traducción al castellano Barreras (La Garúa, 2013) y Azken bala / La última bala (Point de Lunettes, 2008).

En 2018 se publicó su primer libro de narrativa en castellano, El lenguaje de los bosques, en la editorial Espasa, con ilustraciones de Zuri Negrín y fotografías de Paola Lozano.

Completan su obra el libro de narrativa autobiográfica Larremotzetik (Erein, 2014) y su participación en el proyecto “Te cuento” con la historia de Pulgarcito acompañando las imágenes del fotoperiodista Clemente Bernad (Alkibla, 2015).

En el año 2020 el Ateneo de La Laguna lo incluyó dentro de la publicación del libro-objeto “Lecturas silenciosas” con la plaquette bilingüe Donde ni el viento se atreve. Forma parte de la antología de poetas jóvenes Bidea eta zauria, sei poeta (2000-2019) coordinada por Jon Kortazar y Paloma Rodriguez-Miñambres y publicada en Balea Zuria, donde próximamente publicará Ihes baten errestoak, su próximo libro de poemas en euskera. Este mismo año la editorial británica Calque Press publicará Fog at the border, la versión inglesa de Niebla fronteriza traducida por James Womack.

Durante los últimos años viene realizando lecturas en diversos festivales de literatura en los que sus textos dialogan con los sonidos del deporte rural vasco (hacha, piedra, sierra), la vida rural (nueces, cencerro) y la electrónica simbolizando un reencuentro familiar junto a su padre Patxi (deportista rural de gran recorrido), su madre Rosario y su marido Zuri Negrín, que también lee poemas de Pop (Pre-Textos, 2019) su primer libro. Más información en www.hasierlarretxea.com

Poemas

QUIÉN diría, qué.

Quién diría lo recorrido, la amplitud de miras,

el perdón, el recuento de heladas.

Quién diría los dos, la comprensión,

la raíz convertida en rama.

Quién diría que aprenderíamos

a sonreírle a la primavera.

La ligereza de los sinónimos,
la calma en la transparencia del río que dejó de ahogar los suspiros.

La condena, el miedo que desfigura

la geografía familiar de las postales.

Quién, quién diría que
atravesaríamos la franqueza de la neblina

para vislumbrar lo circular de las estaciones.

Que convertiríamos en rosales
los nudos de espinos de la garganta.

Quién diría que aprenderíamos
nuevos alfabetos,
la probabilidad de la dicción,
a mirarnos sin compasión y con cordura,

con la delicadeza del cariño

que rompe muros, destruye convenciones,

derrumba los prejuicios que ensombrecían la vida

en el escupitajo lapidario,
las consignas en el pecho

y las ideas en llamas con los lemas arrojados

desde el acantilado.

Quién diría que la vida,
que los amaneceres,
que brindar,
que aprenderíamos a escuchar

el rumor que duele y señala,
la ventisca que azota y revuelve, las entrañas,

las entonaciones,
las creencias aferradas al antebrazo,

a los símbolos de la pertenencia.

Quién predijo que la brújula invertida,
que dar pasos es saber llegar,
que mirar no es lo mismo que recordar,

que acariciaríamos como gatos acurrucados

en la barriga la contemplación del salón,

que querer es una llave que aprieta

al retorno que nunca dejó de irse ni de renegar,
que remover la tierra es reordenar las palabras,

aprender a construir los cimientos de un hogar

que es un nuevo dialecto,

ese bosque furtivo y fugitivo,
la fuga de los pasos que no encontraron

restos de sombras.

Quién diría que todo esto.

Que la vida no fuera condena, tortura,

ni salmo apesadumbrado.

Quién diría que libres
seríamos lo que quisiéramos ser.

Quién diría que tú. Quién, yo.

Nadie, salvo nosotros.

Todos son intentos, tachaduras

MARIE LUISE KASCHNITZ

 

 

La vida es un esbozo.

Tinta, barro, claroscuro.

 

La vida es curvatura.

Los charcos, el impulso, la incisión.

 

La vida es renuncia.

Los apeaderos, los túneles,

tener que esquivar agujeros.

 

La vida es un collage.

Es la luz que se cuela

y que alumbra.

 

La vida es el garabato

que prologa su estancia

de puño y letra.

 

La vida es camino,

sendero, retorno.

 

La vida es pugna.

Es lucha.

 

La vida nos es concedida

como un ramo de flores silvestres

por olisquear.

 

La vida es suspiro.

La flema

que derrocó al hormigueo de soldados

de plomo.

 

La vida es subsistencia.

La permanencia de las consignas

que arrebatamos a la finitud del viento.

 

La vida es celebración.

El reencuentro entre el verdugo y

la pistola que dispara flores de plástico.

 

La vida es la mano tendida. La arruga.

La duda. El reencuentro. La madurez

que otorga el talante reflexivo.

 

La vida son los meandros

convertidos en sendas.

Altitudes de nubes.

El vuelo atlántico.

El sosiego de la meseta.

 

La vida son esas tachaduras

que quedaron por escribir.

 

Lo que escondimos,

lo que no dijimos a tiempo.

De Quién diría, que… (ed. Pre-Textos, 2019).