Jordi Doce Chambrelán

foto: Luis Burgos

Bio-bibliografía

Jordi Doce (Gijón, 1967) es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo y doctor en literatura comparada por la Universidad de Sheffield.

Ha publicado siete poemarios, el último de los cuales es No estábamos allí (Pre-Textos; mejor libro de poesía del año según El Cultural y Premio Nacional de Poesía «Meléndez Valdés» al mejor libro publicado en 2016). Más reciente es la antología En la rueda de las apariciones. Poemas 1990-2019 (Ars Poética, 2019).

En prosa ha publicado los libros de notas y aforismos Hormigas blancas (Bartleby, 2005) y Perros en la playa (La Oficina, 2011) así como varios libros de ensayos y artículos. Hace un año vio la luz La vida en suspenso. Diario del confinamiento (Fórcola, 2020).

Ha traducido la poesía de W.H. Auden, William Blake, Lewis Carroll, Anne Carson, T.S. Eliot, Sylvia Plath y Charles Simic, entre otros.

Fue lector de español en las universidades de Sheffield (1993-1995) y Oxford (1997-2000), así como editor en la revista Letras Libres (2001-2004) y el Círculo de Bellas Artes (2007-2013). Actualmente reside y trabaja en Madrid como traductor, profesor de escritura creativa y coordinador de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg.

Poemas

A veces he pensado que en el aire

quedan las huellas

de estos encuentros, la conversación,

un enjambre de frases y palabras

que descienden livianamente

y al hacerlo se ordenan, se alinean

sin prisa

como ladrillos en el suelo:

un zigurat verbal

donde habita la médula del habla,

el templo que debemos

al dios de lo callado.

Nadie nos dio permiso para entrar.

No serán nuestros los pasillos,

las terrazas solares,

los secretos de su liturgia.

La pirámide sólo responde ante la luz.

Y en la casa, de pronto,

hay una habitación que falta,

que nadie encontrará porque no existe

aunque ayer mismo estaba ahí

y su puerta se abría sin cautelas,

con el aire de los automatismos.

Entrábamos y salíamos, así de fácil,

y el ritual de los encuentros

era un modo de hacernos más veraces,

como viejos actores. Ahora

buscamos esa habitación en sueños,

en el recuerdo infiel,

pero no está. La niebla

la borró de este mundo

y cuelga en el vacío de sí misma.

Nos descuidamos un instante

y no está,

cayó muy lejos,

al otro lado de esta voz.

Entrábamos y salíamos

sin darnos cuenta del peligro.

De pronto, entre nosotros,

la muerte se movió a placer,

sin señal de advertencia,

sin huella delatora:

casa tomada.