María Eloy-García

Bio-bibliografía

Málaga, 1.972. Licenciada en Geografía e Historia. Ha sido traducida al alemán, inglés, italiano, griego, portugués, croata, macedonio y catalán.

 

PUBLICACIONES

 

Diseños experimentales, nº 2 colección Monosabio, Málaga, 1997.

Metafísica del trapo, ed. Torremozas, Madrid, 2001.

Cuánto dura cuánto, ed. El Gaviero, Almería 2007

Cuánto dura cuánto, 2ª edición, ed. El Gaviero, Almería 2010.

Cuánto dura quanto, Lupo Editore, Lecce, Italia, 2011.

Los cantos de cada cual, ed. Arrebato, Madrid 2013.

Los habitantes del panorama. Poemas en prosa, ed. Arrebato, Madrid 2019.

 

Poemas

el señor garcía

Aquí estoy yo plantada a todo querer por las ventanas, que son siempre un homenaje al asomarse; mirando adentro al hombre tibio, camiseta y cadena, haciendo el desayuno. Como todos, pensando lo que todos: flaco el detenerse, gordo el exponer sus opiniones calcadas de la radio, el eco suspendido en la garganta; mirándose los lipomas, subido en el estrés como en un windsurf hacia la orilla del precipitarse. Señor garcía, todos los asuntos son siempre previamente trazados en las regiones del aire; señor garcía, mírese bien en la plenitud de su fitness, en la carrera inmediata. Es usted un producto liquidado en la soberanía del ansia. Deténgase y mire la delgada privacidad que son los otros, dese prisa en el interior de la prisa y compre acciones de vacío. Señor garcía, sabemos que su calva protocancerígena es la pista de aterrizaje para ideas transeúntes. Qué triste es el huevo de su desayuno, lo único que le queda a lo continental. Por lo demás, todo es agujero; cuídese cuando salga a la calle, porque está lleno de traiciones este vivir en una realidad-terapia. Desengáñese, garcía, no es usted nadie que interese, pero si lo piensa, ¿hay algo mejor en este mundo que no tener sobre los hombros la responsabilidad de ser alguien? Simplemente sea garcía, mire por su ventana a todo querer la psicosis de lo que sucede, abísmese en lo que sepa y déjese llevar por el lejano sonido que promete el dorado de sus dos tostadas recién hechas.

 

las cosas del barrio

Las cosas del barrio tachonadas de chicles dejados a la impronta primera de la desgana lateral del escupitajo, el quiosco rodeado por pensionistas que destellan el impulso semigaláctico de la cerveza; hablando del contrabando de tabaco, actualizando cartillas exiguas bajo el toldo del cajero que ya no da, y un olor a meado de gato por las esquinas todas del quiosco cubierto de la pringue entera del verano; las palomas enfermas picando mugre sobre césped ralo, zureando sexo el palomo con la misma roña en la pluma que en el pelo de la vieja de batita que pasea su estar de acuerdo con el nadie que hay siempre a su lado; un señor occidental, qué pena, con pantalones cortos y camisa abierta que en vez de andar tira las piernas, con las chanclas llenas de uñas arrastrando a una mascota también obesa por la acera trufada de mierdas con forma de chantilly; se para, de repente, frente al señor que lleva su oxígeno en un carrito para decir una sola frase que es contestada desde la profundidad de unos pulmones como odres estrujados que salpican salivazos al horizonte muy tocho de esta tarde.

Una pequeña cotorra abre sus alas verdes sobre la tensión azul fauvista del aire. Hinco la cabeza en la misma esquina de volverme y veo que ya no estoy allí. Mira, mira bien el muro grafiteado donde te das de frente y, justo donde “Vane ama a Iván”, ahí mismo, languidezco como una hermana Brönte cualquiera caminando hacia su Haworth. Lo que se siente te exime de donde estás, te lleva de la mano a los confines del espacio tiempo, a estar y no. El chicle que se me pegó a la suela de esta mañana me ha mantenido entre la realidad y el vuelo.