Olvido García Valdés

foto: Su Alonso & Inés Marfu

Bio-bibliografía

Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950) Licenciada en Filología Románica y en Filosofía. Profesionalmente, ha sido Catedrática de Lengua Castellana y Literatura. Fue también Directora del Instituto Cervantes de Toulouse y Directora General del Libro y Fomento de la Lectura. En la actualidad reside en Toledo.

Entre otros premios, se le concedió en 2007 el Premio Nacional de Poesía por su libro Y todos estábamos vivos (Tusquets, Barcelona, 2006, 2007). En Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008) (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2008, 2016) se recoge su obra poética entre esas fechas. Posteriormente ha publicado Lo solo del animal (Tusquets, Barcelona, 2012) y, recientemente, confía en la gracia (Tusquets, Barcelona, 2020) y dentro del animal la voz. Antología 1982-2012 (Editorial Cátedra, colección Letras Hispánicas, Madrid, 2020). Libros suyos han sido traducidos al francés, inglés, italiano, polaco y sueco; igualmente sus poemas han aparecido en alemán, portugués, rumano, griego, serbio, árabe y chino.

Es asimismo autora del ensayo biográfico Teresa de Jesús, de textos para catálogos de artes plásticas (Zush, Kiefer, Vicente Rojo, Tàpies, Juan Soriano, Bienal de Venecia 2001, Broto...) y de numerosos ensayos de reflexión literaria. Ha traducido La religión de mi tiempo y Larga carretera de arena de Pier Paolo Pasolini, y (en colaboración) la antología de Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva El canto y la ceniza, así como El resto del viaje y otros poemas, de Bernard Noël. Ha codirigido la revista Los Infolios, y fue miembro fundador de El signo del gorrión (1992–2002). Ha dirigido o coordinado diversos cursos, seminarios y ciclos de poesía contemporánea.

 

Poemas

no puede escribir la percepción

del verde agudo de la cebada por tierras

palentinas un 18 de abril con sol y cielos

lechosos, ¿por qué había de decirse?

¿por qué los fragmentos, hilos sueltos

de conversaciones que escucha se refieren

al pasado, hablan de gentes que quien habla

conoció, mencionan lugares, momentos

momentos quiere decir instantes

de la vida–, o alguien cuenta: siempre

lo he hecho, mi trabajo fue servir mesas

se trata de un poeta, escribió pocos

libros, no ganó premios, su pelo

es lacio, duro y abundante, gris sobre

los ojos negros, duros y dulces como

canicas, la lírica habla de instantes

trae cosas, hace, deja quizá

fuera sentimientos, trabaja

percepciones, puede y no puede, su materia

es el tiempo que no hay, lo que está y se

mueve como un tren rápido, un avión, dice

cerro, greda, verde, árboles florecidos, dice

cementerio, madre, padre, la lírica

es de lo que no hay, hay la percepción

del verde, la percepción

 

confía en la gracia (Ed. Tusquets, 2020)

He conocido bien a Louise Bourgeois; no hablé con ella, nunca la vi de cerca, pero habría podido ser mi madre o, mejor, habría podido ser, como yo, hija de mi madre, aunque casi de su misma edad. LB era una madre yo misma, era por el carácter, y como si hubiera vivido siempre con ella, siempre de vieja, como si conociera su casa como para soñar con ella, y sus obras no fueran obras suyas sino trocitos, retazos de conversación. Ella habría podido escribir mis poemas, también mi madre, porque la vida fue la misma para las tres.

No sé si el mismo olor, pero la ropa sería la misma, y algunos alfileres que habría que clavar, una violencia y no dormir, la locura cristalina –hacerse añicos– y la plegaria.

Cejas blancas e hirsutas, negra cinta de terciopelo en torno al cuello; no vi fotos de LB con esa cinta, pero todo es transitivo y equivalente si de las vidas la evidencia lo dice, dos silenciosos monjes rumiando la desdicha, la palidez y lo negro, la finísima piel de quien vive en habitaciones interiores dedicado a la rumia y la plegaria en actividad constante, casi frenética.

No fueron como el anciano que sopesa los pequeños movimientos antes de hacerlos; yo lo seré, entregarse a la positiva medida de lo factible y confiar en la gracia, en lo benigno. OV y LB son mis siglas, emblema de cristal y no me rompo. He pedido un deseo y sola voy, con hechiceras.

 

confía en la gracia (Ed. Tusquets, 2020)