Paco Vargas

Bio-bibliografía

Paco Vargas nació en Dehesas de Guadix (Granada) y reside en Marbella. Es poeta, escritor y periodista. Editor y director de la revista cultural “ÁticoIzquierda.es”, también es colaborador habitual en publicaciones especializadas y medios de comunicación hablados y escritos. Es Premio Internacional de Periodismo.

Profesor en los cursos de verano de la UNIA, institutos de Andalucía y de Marruecos, en las universidades de Murcia, Córdoba, Pablo de Olavide (Sevilla), Granada y Málaga, Cátedra de Flamencología. Es Premio al Mérito Educativo de Andalucía.

Es autor de los poemarios: “Ocanajimia”, “EL placer del fracaso”, “Poesía para pobres”, “Últimas Soledades”, “La luz no espera” y “A Contracorriente. Poesía vivida”. Y, además, ha escrito más de quince obras de temática flamenca, entre las que destacamos: “Juan de la Loma. Memorias apócrifas de un cantaor mijeño” (Biografía), “El flamenco en Málaga. Historia y actualidad de sus cantes y sus artistas” (Ensayo), “El flamenco va al cole” (Didáctica), “Solera de Jerez, la mujer que soñaba el baile” (Memorias) y “Enrique Morente. Malgré la nuit” (Biografía). También tiene publicadas dos novelas: “El diario de un hedonista” y “Como una luz encendida”. Y completan su faceta como escritor sus libros de cuentos y artículos: “Cartas a Blau” y “Cartas a Tango”.

Poemas

COMO UN HOMBRE PERDIDO

en el espejo oscuro de la gran ciudad

Como el corazón herido sin crueldad

Como la mujer que amó sin respuesta

Nunca tuve la certeza

de si alguna vez me amaron,

pero creí acertar en lo que amé.

Menos en lo más valioso quizá

 

Aspiré a ser entendido por los otros

No a ser admirado y seguido

Y seguramente me han querido.

 

Quise vivir

con la intensidad de quien se arroja al fuego

para consumirse en su orgasmo.

Siempre creí que acertaba

en lo que llegaría después,

como si ya lo hubiera vivido

en otras ocasiones fallidas.

 

He corrido por la vida

siguiendo el ritmo de mi tiempo

y el compás de mis errores.

Acaso me equivoqué en lo que más amaba,

pero nunca supe entender mi soledad.

Ni por qué otros me odiaban.

PASEO POR EL CAMPO

Por la vereda que serpentea

dividiendo la loma albar

paseamos los tres. Entre los pinos,

un trino,

un rayo de sol.

Y la belleza

de una flor.

Un poema, desnudo entre la maleza.

 

Tango ocupa nuestras sombras

proyectadas sin miedo sobre la arcilla polvorienta

por el sol que alumbra su figura: una sutil línea trazada en el suelo.

Baila contento al compás del vientecillo que hace cantar a los pinos.

La música de la orquesta verde llama su atención.

Y aúlla recordando a sus ancestros.

De más allá del infinito,

olores perfuman el aire.

Una mancha de pájaros negros

ella sola el cielo sostiene.

Junto a María, somos  tierra de barbecho.

Su mano caliente

y un beso que abriga del frío.

Trabajo bien hecho.

Olivos encendidos que la luz no espera.

Suena una música amable y suave,

cabellos de esparto que el viento los tañe.

Verdes y amarillos, parece que arden.

Buscando su muerte el río se pierde.