Raquel Lanseros

Bio-bibliografía

Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973)

Poeta, traductora, antóloga y profesora de Universidad. Ha publicado en España los libros de poesía  Leyendas del Promontorio, Diario de un destello, Los ojos de la niebla, Croniria, Las pequeñas espinas son pequeñas y Matria. Asimismo, ha publicado diez libros de poesía en Francia, Estados Unidos, Colombia, Argentina, Italia, México, Portugal y Puerto Rico. Su obra poética ha sido reunida de modo parcial en las antologías personales La acacia roja, Un sueño dentro de un sueño y A las órdenes del viento e íntegramente en el volumen Esta momentánea eternidad. Poesía (2005-2016). Como traductora, destaca su publicación de Edgar Allan Poe, Lewis Carroll, Louis Aragon y Sylvia Plath. Ha sido galardonada con el Premio Unicaja de Poesía, un Accésit del Premio Adonáis, el Premio de Poesía del Tren, el Premio Antonio Machado en Baeza y el Premio de Poesía Jaén. Doctora en Didáctica de la Lengua y la Literatura, Máster en Comunicación Social y Licenciada en Filología Inglesa, es autora asimismo de publicaciones académicas y de investigación en el ámbito de la poesía y la traducción. Su obra poética ha sido traducida a diversas lenguas e incluida en numerosas antologías y publicaciones literarias de todo el mundo.

 

Diálogos poéticos (El poema como biografía)

Martes, 2 Abril, 2019 - 20:30
Hospital Real de la Misericordia

Diálogos poéticos

 

El poema como biografía

 

Coloquio será entre los poetas Javier Rodríguez Marcos, Álvaro García y Raquel Lanseros donde se abrodará el tema del poema como biografía.

Diálogos poéticos se trata de un ciclo de coloquio entre varios poetas consagrados y lecturas de los mismos, entre los días martes 2 de abril y viernes 5 de abril a las 20:30 h en el Hospital Real de la Misericordia.
11 poetas conversarán cada día sobre 4 temas, “El poema como biografía”, “Las cosas del campo”, “Escribir como se huye” y “La actualidad de la tradición”.

 

"El poema como biografía

Del mismo ciclo: 
Diálogos poéticos (Las cosas del campo)
Diálogos poéticos (Escribir como se huye)
Diálogos poéticos (Actualidad de la tradición)

Poema

INVOCACIÓN

 

Que no crezca jamás en mis entrañas

esa calma aparente llamada escepticismo.

Huya yo del resabio,

                    del cinismo,

                             de la imparcialidad de hombros encogidos.

Crea yo siempre en la vida

crea yo siempre

            en las mil infinitas posibilidades.

Engáñenme los cantos de sirenas,

tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.

Que nunca se parezca mi epidermis

a la piel de un paquidermo inconmovible,

                                                           helado.

Llore yo todavía

  por sueños imposibles

     por amores prohibidos

        por fantasías de niña hechas añicos.

Huya yo del realismo encorsetado.

Consérvense en mis labios las canciones,

muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.   

 

                 Por si vinieran tiempos de silencio.

        HIMNO A LA CLARIDAD

 

A cambio de mi vida nada acepto.

¿Qué se puede ofrecer que valga más

que el calor de la llama, que la espiga

convocada a ser grano, que la noche

que dentro ya contiene el joven día?

 

Escucho mis pisadas sobre el suelo.

A lo lejos, alguien también las oye.

Tañido lastimero de campanas

en su oído. Eco de brasas tiernas

en el mío, que todavía es temprano

y en el cuerpo palpita el pulso errante.

 

Me pongo por testigo en esta hora,

cuando la lluvia lava más que riega

y los libros liberan más que nutren.

 

¿A qué esperáis? Encended los caminos,

que empapen bien los ojos. Recorredlos

mientras haya una lumbre en los pulmones,

mientras un niño aguarde su ocasión

de convertirse en hombre, mientras verbos

de orígenes distantes desemboquen

en una voz unida, mientras reinen

las noches que nos prenden, abrazad

el destello arcilloso de la tierra

que es nuestro hogar común,

                                   el verdadero.

 

A cambio de mi vida nada acepto,

aunque sepa -y bien que eso me duele-

que no siempre es el justo el encumbrado.

La luz es un oficio fugitivo,

impenitente en su aversión al óxido.

 

Aun así, yo me aferro a esta urdimbre,

a esta pila de huesos que me suman,

a este rayo en proceso, presentido

en su persecución de lo inefable.

La profecía acampa frente al cielo

con los párpados tersos y se afana

en avanzar en base a lo avanzado.

 

Que nada nos detenga. La llamada

del infinito debe obedecerse.

Soberana inquietud que nos animas,

enséñanos a merecer el néctar

de estos días que nos tocan. Muéstranos

un modo de luchar contra el vacío

de este dulce interludio. Que la fe

en la alegría posible no abandone

ni la razón despierta ni el recuerdo.

 

Sé que tengo sentido porque vivo,

y sé que no hay dolor ni menoscabo

que puedan inmolar esta fortuna

de ser en el presente, de existir,

de sentirme el orfebre del instante.

 

Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta

la sed de infinitud que me espolea.

Ante el placer de respirar me postro.

 

No hay verdad más profunda que la vida.